miércoles, octubre 08, 2008

Creadores y payasos

Leo en la edición de El País del domingo pasado el siguiente párrafo de Mario Vargas Llosa a propósito del artista visual británico Damien Hirst, y que lo mismo podría aplicarse al resto de las artes en general y a la poesía contemporánea en particular:

Damien Hirst saluda a sus millones de dólares (foto: www.dailymail.com.uk)

El arte moderno es un gran carnaval en el que todo anda revuelto, el talento y la pillería, lo genuino y lo falso, los creadores y los payasos. Y —esto es lo más grave— no hay manera de discriminar, de separar la escoria vil del puro metal. Porque todos los patrones tradicionales, los cánones o tablas de valores que existían a partir de ciertos consensos estéticos, han ido siendo derribados por una beligerante vanguardia que, a la postre, ha sustituido aquello que consideraba añoso, académico, conformista, retrógrado y burgués por una amalgama confusa donde los extremos se equivalen: todo vale y nada vale. Y, precisamente porque no hay ya denominadores comunes estéticos que permitan distinguir lo bello de lo feo, lo audaz de lo trillado, el producto auténtico del postizo, el éxito de un artista ya no dependa de sus propios méritos artísticos sino de factores tan ajenos al arte como sus aptitudes histriónicas y los escándalos o espectáculos que sea capaz de generar....

[Mario Vargas Llosa, "Tiburones en formol". En:
El País, domingo 8 de octubre de 2008, pág. 27]

4 Comments:

Blogger Luis Vicente de Aguinaga said...

Pues yo no sé si Damien Hirst sea un creador, un payaso, ambas cosas o ninguna, pero el montaje que se ve atrás, con el niño vietnamita flanqueado por Mickey Mouse y Ronald McDonald, me parece francamente genial. ¿Estoy mereciéndome, profesor Cabrera, una regañadota de Vargas Llosa con todo y esa metralla de valores estéticos fijos e inamovibles que, según él, alguna vez existieron y ahora ya no? Sufro en la zozobra.

6:28 p. m.  
Blogger Víctor Cabrera said...

Mi querido L.V.:

Ni sufras ni te acongojes. Más adelante, en el mismo artículo, el maestro (lo digo como sinónimo de enseñante o, como mal me llamas, "profesor" --que, líbreme Dios, no lo soy) Vargas Llosa se suelta con el siguiente párrafo:
"El otro criterio para juzgar el arte de nuestros días es el puro subjetivismo, el derecho que tiene cada cual de decidir, por sí mismo, de acuerdo a sus gustos y disgustos, si aquel cuadro, escultura o instalación es magnífica, buena, regular, mala o malísima. Desde mi punto de vista [pos' desde qué otro, me pregunto yo] la única forma de salir de la behetería en la que nos hemos metido por nuestra generosa disposición a alentar la demolición de todas las certidumbres y valores estéticos por las vanguardias de los últimos ochenta años, es propagar aquel subjetivismo y exhortar al público que todavía no ha renunciado a ver arte moderno a emanciparse de la frivolidad y la tolerancia con las fraudeulentas operaciones que imponen valores y falsos valores por igual..."

8:09 p. m.  
Blogger Víctor Cabrera said...

O sea que, como quien dice, si te gusta la niña recién salida de su ducha de napalm franqueda por Mickey y Ronald, pos' cómpratela (la neta a mí también me late, pero en este momento no creo que me alcance ni para una reproducción o el catálogo de la muestra). Total, dice el profe Mario que muy tu gusto, ¿no?
Por lo demás, no creo que los valores estéticos sean fijos ni inamovibles (tampoco creo que V.Ll. lo crea, nomás que Hirst no lo convence), pero sí que en esa movilidad y constante metamorfosis se cuelen muchas cosas que váyase a saber si son (o terminen siendo) arte.
Por último, me parece más artístico uno de esos burros maquillados de Tijuana que esa pinche cebra mayatona frente a la que sonríe Hirst.

8:17 p. m.  
Blogger Víctor Cabrera said...

Es más, mi estimadísimo L.V., a como van las cosas no creo que me alcance ni para una méndiga postal.

3:07 p. m.  

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