lunes, octubre 28, 2013

La vida con Lou/ La vida sin Lou

Fue una casualidad que haya decidido ponerme la camiseta de The Velvet Underground con el plátano warholiano para salir a caminar por la avenida este domingo al mediodía. Dejó de serlo cuando, al volver a casa, mi hija me comunicó, no sin cierto pesar, la muerte de Lou Reed. La noticia me dejó helado por un instante, antes de recordar que Reed era ya, oficialmente, un anciano septuagenario y que aunque nada sabía yo de su serio padecimiento hepático la muerte es un fenómeno inexorable que estadísticamente suele ensañarse con más frecuencia en individuos que han rebasado, precisamente, esa edad que el viejo Lou había alcanzado hace más de un año. Como sea, algo se olía ya en el aire: no es que yo mismo intuyera nada, pero hace apenas siete días, después de un fin de semana particularmente tenso y difícil, de varias jornadas otoñales emocionalmente borrascosas, la noche del domingo me descubrí tarareando Perfect Day, ese himno a la dicha perdida y apenas entrevista ¿habrá de veras alguien tan cándido u optimista para suponer que esa canción, ciertamente perfecta, se trata del epílogo ideal de un día redondo?; o hace menos, a media semana, cuando me eché en el sillón a hojear Atraviesa el fuego, el cancionero de Reed que descansa como un callado oráculo sobre la mesa de centro; u hoy mismo, sin ir más lejos, al escoger portar sobre mi pecho, como un mal presagio, una cáscara de plátano de terciopelo subterráneo. Con un nudo en la garganta, recordé aquella noche de un noviembre lejano en que el enjuto Lou y su banda me condujeron flotando a la corte de los ángeles mientras Sweet Jane sonaba exacta, contundente, entre las columnas neoclásicas del teatro Metropólitan.

Si de acuerdo con cierta teoría el aleteo de una mariposa en China puede desatar un cataclismo en nuestra propia sala, una muerte lejana al fin y al cabo Lou y yo nunca fuimos, como se dice, tan cercanos es capaz de avivar en nuestra psique pérdidas más próximas. Para mi hija, por lo pronto, el nombre de Lou Reed está indisolublemente ligado a la voz cascada que canta o recita Some kind of Nature en una Playa plástica. A mí, en cambio, me devuelve a un viejo departamento de la colonia Portales en el que mi gran amigo Israel Mota intentaba rescatarnos, a mí y a otros compinches secundarianos, del letargo bobo del Rock en tu idioma haciéndonos escuchar las decenas de elepes que sus hermanos y él habían logrado juntar antes de cumplir los veinte. Israel, nuestro Syd Barret, perdió la brújula algunos años después y hace al menos quince que no sabemos nada de él, pero en mi mente, en los recuerdos de mi juventud ida, su imagen ha quedado permanentemente fundida con las primeras notas de Walk on the Wild Side. Ese fue el camino que, casualmente, decidió seguir.

Pero nada es casual en realidad: el aleteo de una mosca y el íntimo huracán que nos devasta, la elección de una prenda sobre otra o el track que suena mientras tocamos el Nirvana, el momento en que doblamos una esquina para encontrarnos frente a frente con la verdad desnuda y ese instante que se aleja de nosotros para siempre son todos hechos calculados y precisos de ese artífice que conocemos por Destino.

No es, pues, ninguna casualidad que
el hombre que escribió las siguientes líneas haya muerto un domingo por la mañana:

Sunday morning
And I'm falling
I've got a felling I don't want to know...

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Para complementar esta nota, aquí, algunos grandes momentos de Lou Reed:
http://www.youtube.com/watch?v=-2JcDUS7u6Y

http://www.youtube.com/watch?v=0cWzxJvgWc8


http://www.youtube.com/watch?v=U-TGvfkTSiw

http://www.youtube.com/watch?v=hugY9CwhfzE

http://www.youtube.com/watch?v=dHVqWRxpqXk

https://www.youtube.com/watch?v=2QxIJAuSt4k

http://www.youtube.com/watch?v=uCpkwAkNJj0

http://www.youtube.com/watch?v=yKDw7BjpSVY

https://www.youtube.com/watch?v=LrMLt9bMd_I

https://www.youtube.com/watch?v=cAfP5BMKgjc

https://www.youtube.com/watch?v=XkmKBDYigU0