Breve lección de ornitología

Empecé saludando aquella noche
al Águila ligera de Colombia
para, acto seguido, presentar
mis respetos al Negro Cisne de las viñas australianas
y a su simpático paisano, El Pingüinito.
Subí después hasta las tintas
alturas donde mora
el Cóndor, majestad,
Rey de los Andes
y más tarde, en pleno vuelo,
topéme con el Ganso Gris de Francia
(llegó, por cierto, acompañado de 2 putas).
Perdí en ese momento los estribos,
la cena (a medio digerir)
y toda compostura.
Pero luego,
poquito más repuesto,
aún pude en la batalla
con 1/2 cuerpo de El Famoso
Lagópodo de Escocia.
No sé,
no supe más de mí
y como D. Pedro
negué 3 veces la pétrea Cruz de mi parroquia,
la dulce, ay, Sangre de Cristo,
mucho antes de cantar
el Gallo de la ardiente California.
También resucité 2 días después.
En medio de las brumas me velaban
1 añejo ejemplar de Casa Cuervo
y 1 vampiro escapado de la turba
nocturna, infame, de las aves
de las barricas Bacardí & Cia.
Al pie de mi camastro,
mi esposa, Magdalena,
me lloraba como la Viuda de Romero.
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